Yom Kipur: de la expiación a la redención | Qué significa el Día de la Expiación para el creyente

Yom Kipur cubría el pecado un año más. La cruz lo quitó para siempre. Descubre el Día de la Expiación, los dos machos cabríos y el sacerdocio de Melquisedec.

FIESTAS BIBLICAS

Solmar Rey Hernández

9/20/20266 min leer

A torn heavy curtain in a temple reveals a bright divine light with a golden censer lying on a smoky stone floor.
A torn heavy curtain in a temple reveals a bright divine light with a golden censer lying on a smoky stone floor.

Este año Yom Kipur empieza al atardecer del domingo 20 de septiembre y termina al anochecer del lunes 21. Es el día más solemne del calendario de Dios. Y esconde una de las revelaciones más hermosas sobre la obra de Jesús.

Yom Kipur: de la expiación a la redención

Una vez al año, un hombre cruzaba un umbral

Jerusalén, el Templo, el día décimo del mes de Tishrei. Toda la ciudad contiene el aliento.

Desde el amanecer, decenas de miles de peregrinos llenan los atrios. Los niños dejan de correr y los ancianos cierran los ojos. Una vez al año, solo una, un hombre va a cruzar un umbral que ningún otro ser humano puede cruzar.

El sumo sacerdote (Cohen Gadol, כֹּהֵן גָּדוֹל) se ha preparado durante siete días. Hoy no lleva oro ni púrpura, sino lino blanco. No se presenta como príncipe, sino como suplicante. Entra al Lugar Santísimo con incienso, «para que no muera» (Levítico 16:13). Allí rocía la sangre siete veces ante el propiciatorio.

¿Cómo puede un ser humano culpable permanecer de pie ante un Dios santo?

Afuera, miles de rostros esperan contra el suelo. Todos cuelgan de una sola esperanza: que la sangre sea aceptada y que Dios cubra, una vez más, lo que ellos no pueden cubrir.

Detrás de ese día hay una pregunta que atraviesa toda la Biblia:

Un día para cubrir lo que no puede cubrirse

Un moed, una cita divina

La Escritura no llama a estas fechas «fiestas judías». Las llama «las fiestas solemnes del Señor», sus moedim (מוֹעֲדִים), sus días señalados. Un moed es una cita que Dios fija con un propósito. Levítico 23:27 lo llama Yom HaKippurim, en plural: un día con una lección para este mundo y una profecía del Reino.

Kippur significa «cubrir»

La palabra hebrea detrás de «expiación» viene de la raíz kaphar (כָּפַר): cubrir. Es la misma palabra de Génesis 6:14, cuando Noé recubre el arca con brea para que no entren las aguas del juicio.

Esa es la imagen de Yom Kipur. Sobre el ser humano cae un juicio merecido, y solo una cosa lo protege: que algo lo cubra. Y se cubre con sangre:

«La vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas.»

— Levítico 17:11

Los dos machos cabríos

En el centro de Levítico 16 hay una imagen asombrosa. El sumo sacerdote echaba suertes sobre dos machos cabríos idénticos:

  • El que era «para el Señor» se sacrificaba, y su sangre entraba al Lugar Santísimo. Muestra que el pecado debe ser pagado.

  • El que era «para Azazel» quedaba vivo. El sacerdote confesaba sobre él los pecados del pueblo y lo enviaba al desierto (Levítico 16:21-22). Muestra que el pecado debe ser quitado.

Hacían falta dos animales para contar una sola historia, que todavía no tenía protagonista.

«Que seas sellado para bien»

Hebreos lo dice claramente: la ley tenía «la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas» (Hebreos 10:1). Y una sombra siempre apunta hacia el cuerpo que la proyecta (Colosenses 2:17).

El ritual se repetía cada año. Esa repetición era una confesión silenciosa: esto todavía no es definitivo. Por eso surgió el saludo Gmar Jatimá Tová (גְּמַר חֲתִימָה טוֹבָה), «que seas sellado para bien». Es hermoso, pero deja ver una ansiedad de fondo: cada año había que volver a esperar el veredicto.

El Yom Kipur definitivo

El velo que se rasgó

Un viernes de primavera, cerca de la Pascua, un hombre murió en una cruz fuera de Jerusalén. En ese mismo instante, «el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo» (Mateo 27:51).

Ese velo había dicho durante siglos: hasta aquí y no más lejos. Se rasgó de arriba abajo, como si Dios mismo lo partiera. Ese año, el verdadero Día de la Expiación no se celebró en el Templo, sino en la cruz.

«…no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.»

— Hebreos 9:12

La expiación cubre; la redención quita

Estas dos palabras solemos confundirlas:

Cubrir no es hacer desaparecer. Cuando extiendes una manta sobre un objeto, el objeto sigue ahí. Eso hacía la sangre de los animales. Jesús, en cambio, no puso una manta más gruesa sobre el mismo pecado: lo quitó. Por eso, para quien confía en Él, la pregunta ya no es «¿seré sellado este año?». La certeza es «he sido sellado para siempre», con la sangre del Cordero.

El Sacerdote que tuvo que ascender

La mañana de la resurrección, Jesús le dice a María: «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre» (Juan 20:17). En Yom Kipur el sacrificio no terminaba en el altar. La sangre debía presentarse en el Lugar Santísimo. La cruz fue el altar, y la Ascensión fue la entrada al santuario celestial, donde la ofrenda fue presentada, aceptada y sellada.

Un sacerdote de otro orden

Jesús era de Judá, no de Leví. ¿Cómo puede ser Sumo Sacerdote? Hebreos responde con Melquisedec (Malki-Tzedek, מַלְכִּי־צֶדֶק), «mi rey es justicia», rey de Salem (shalem: paz y plenitud).

Melquisedec no le pidió una ofrenda a Abraham. Salió a su encuentro con pan y vino y lo bendijo (Génesis 14:18-19). El sacerdocio levítico iba del hombre hacia Dios y administraba una deuda. El de Melquisedec va de Dios hacia el hombre y trae bendición en un contexto de victoria. No depende de un linaje, sino «del poder de una vida indestructible» (Hebreos 7:16):

La Torá es santa, justa y buena (Romanos 7:12): define la justicia. Pero no puede impartirla, porque «nada perfeccionó la ley» (Hebreos 7:19). Por eso el Nuevo Pacto escribe esa ley en el corazón por el Espíritu (Jeremías 31:33; Romanos 8:2).

«Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.»

— Salmo 110:4

Dos machos cabríos, un solo Cordero

Al fin, aquella imagen partida en dos tuvo protagonista. Como el primer macho cabrío, Jesús murió y Su sangre cubrió: «Él es la propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 2:2). Como el segundo, cargó nuestra culpa y la llevó lejos: «Cuán lejos está el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones» (Salmo 103:12).

El Yom Kipur que todavía está por venir

La historia no ha terminado. Zacarías anuncia un día en que Israel «mirará a mí, a quien traspasaron» (Zacarías 12:10), y Pablo declara que «todo Israel será salvo» (Romanos 11:26). Yom Kipur mira hacia atrás, a una cruz donde el precio ya se pagó. Y mira hacia adelante, a un pueblo que reconocerá ese pago con lágrimas.

Para hoy: vivir desde el perdón

Hay una forma religiosa de vivir que es un Yom Kipur perpetuo: levantarse cada día intentando ganar un veredicto favorable. El mensaje de Yom Kipur cumplido es que puedes levantarte del suelo. El Sumo Sacerdote no salió diciendo «quizás», sino «consumado es» (Juan 19:30).

Cuatro pasos para este día:

  1. Vive desde el perdón, no hacia él. Arrepiéntete como un hijo que ya es amado, no como un acusado que suplica clemencia.

  2. Aflige el alma. Haz un ayuno sencillo, o al menos un ayuno de ruido: sin pantallas ni distracciones, para recordar que vivimos de la misericordia.

  3. Haz tu vidui. Una confesión concreta, con nombre y apellido: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos» (1 Juan 1:9).

  4. Reconcíliate. «Ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5:24). ¿Qué llamada has estado evitando?

La liturgia de Yom Kipur termina con la Neilá, «el cierre»: la imagen de las puertas del cielo que se cierran al caer el sol. Pero el evangelio anuncia un velo rasgado y un camino que quedó abierto:

«Teniendo, pues, hermanos, libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.»

— Hebreos 10:19-22

"Yom Kipur no es un día para ganar el perdón. Es un día para recordar, con lágrimas y con asombro, hasta dónde llegó Dios para dártelo."

Profundiza en las fiestas de otoño

Esta reflexión viene del capítulo 2 de mi libro De Sombra a Sustancia: Las Fiestas de Otoño. El libro recorre Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot y Shemini Atzeret, y muestra cómo cada fiesta se cumple en Jesús.

La próxima fiesta es Sucot, desde el atardecer del viernes 25 de septiembre: Dios habita con nosotros.

Yom Kipur: de la expiación a la redención | EN VIVO desde Jerusalén

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