Un sonido que atraviesa la historia

Repaso de la conferencia online que compartimos desde Israel con motivo del inicio del año 5787: qué es realmente Yom Teruá. Los tres mensajes del shofar y por qué este sonido nos conduce directamente a Yom Kipur.

FIESTAS BIBLICAS

Solmar Rey H.

9/18/20265 min leer

La fiesta que Dios no llamó «año nuevo»

Cada año, cuando el otoño llega a Israel, un sonido antiguo vuelve a escucharse. No es una melodía. No es música de fondo. Es un cuerno de carnero que rompe el aire y obliga a levantar la cabeza. Con ese sonido comenzó el año 5787 del calendario hebreo, y con ese sonido comenzamos también nuestra conferencia online, en la que recorrimos durante una hora el significado bíblico, profético y mesiánico de Rosh Hashaná.

Para quienes no pudieron acompañarnos en vivo, y para quienes quieren repasar lo compartido, aquí va un resumen de lo esencial.

La mayoría conoce Rosh Hashaná como el Año Nuevo judío. La expresión significa literalmente «cabeza del año», y en la tradición judía este día tiene muchos nombres: Yom HaDin, el Día del Juicio; Yom HaZikarón, el Día del Recordatorio; Yom Keseh, el día oculto.

La palabra teruá tampoco es neutra. Designa un estruendo, un grito de guerra, una alarma y también una aclamación. Es el grito con el que cayeron los muros de Jericó (Josué 6:20), la alarma que se tocaba ante el enemigo (Números 10:9) y el clamor con que un pueblo recibe a su rey: «Subió Dios con júbilo, el Señor con sonido de trompeta» (Salmo 47:5). Esa palabra «júbilo» es, en hebreo, teruá.

Pero el nombre que aparece en la Escritura es otro. En Levítico 23:24 y en Números 29:1 Dios lo llama Yom Teruá: el día del sonido del shofar. Y en Levítico 23:2, antes de enumerar todas estas fechas, el Señor las presenta con una expresión que suele pasar desapercibida: «estas son mis fiestas». No dice «las fiestas de Israel». Son citas que Dios mismo puso en el calendario, y cada una de ellas, de una forma u otra, apunta al Mesías.

Teruá es el sonido de un pueblo que sabe quién es su Rey

Un solo sonido, tres mensajes

Durante la conferencia vimos que el shofar habla en tres direcciones al mismo tiempo.

Mira al pasado: memoria de la provisión. El shofar se hace con el cuerno de un carnero, y cada vez que suena recuerda aquel carnero «trabado en un zarzal por sus cuernos» que Dios proveyó en el monte Moriá para que muriera en lugar de Isaac (Génesis 22:13). Abraham había anunciado un cordero: «Dios se proveerá de cordero, hijo mío» (22:8). Y el Cordero llegó siglos más tarde, en la misma ciudad: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Lo que Dios detuvo en la mano de Abraham, no lo detuvo en la suya propia: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Romanos 8:32).

Mira al futuro: alarma de juicio. En los profetas el shofar deja de ser conmemoración y se convierte en sirena: «Tocad shofar en Sion... porque viene el día del Señor, porque está cercano» (Joel 2:1). En la antigüedad, el atalaya lo tocaba sobre la muralla cuando veía venir al enemigo. Quienes vivimos en Israel entendemos bien esa lógica: cuando suena la sirena, nadie se queda discutiendo si será cierto. Todo el libro de Apocalipsis está marcado por ese mismo sonido: siete trompetas que anuncian el juicio sobre «los moradores de la tierra» (Apocalipsis 8 y 9).

Mira más allá: promesa de transformación. Pablo, que conocía bien las fiestas, tomó el lenguaje del shofar para hablar de la resurrección: «No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta» (1 Corintios 15:51-52). Y otra vez: «el Señor mismo con voz de mando... y con trompeta de Dios, descenderá del cielo» (1 Tesalonicenses 4:16).

El mismo sonido recuerda la cruz, anuncia el juicio y promete la resurrección.

Del shofar a Yom Kipur

El toque del shofar no es un rito aislado. Abre una puerta de diez días —los Yamim Noraim, los Días de Reverencia— que se cierra en Yom Kipur, el Día de la Expiación (Levítico 23:27). Son días de teshuvá: una palabra que significa «retorno» y que va mucho más allá del remordimiento. No es quedarse llorando en el lugar equivocado; es darse la vuelta y volver a casa.

La tradición judía enseña que en Rosh Hashaná se abren los libros y que el veredicto se sella en Yom Kipur. Por eso el saludo de estos días: «que seas inscrito y sellado para bien». Para el creyente en Jesús, sin embargo, la certeza no depende de esperar diez días: «El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida» (Juan 5:24).

Aquí está el corazón de todo el recorrido. Las fiestas son sombra; el cuerpo es de Cristo (Colosenses 2:17). El sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo una vez al año «no sin sangre» (Hebreos 9:7); Jesús entró «una vez para siempre... por su propia sangre, habiendo obtenido eterna redención» (Hebreos 9:12). Del «me di cuenta» al «fui perdonado».

Tres palabras para este año

Cerramos la conferencia con tres verbos sencillos, que siguen valiendo hoy, mientras se acerca Yom Kipur:

  • Despertar. El shofar es una alarma contra el corazón dormido. «Es ya hora de levantarnos del sueño» (Romanos 13:11). Se puede estar en la iglesia y estar dormido: oración por costumbre, Biblia cerrada, fe en piloto automático.

  • Retornar. Teshuvá práctica: examen honesto (Salmo 139:23-24), confesión concreta —no «perdóname por todo», sino llamar las cosas por su nombre— y reconciliación cara a cara. Jesús fue muy claro: deja tu ofrenda en el altar y ve primero a arreglar cuentas con tu hermano (Mateo 5:23-24). ¿A quién tienes que llamar esta semana?

  • Velar. La historia no camina al azar: camina hacia el regreso del Rey. «No durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios» (1 Tesalonicenses 5:6).

No necesitas solo un año nuevo: necesitas una vida nueva.

Si algo quedó claro en esta hora compartida, es que el shofar no se limita a abrir un calendario. Abre una conversación con Dios que solo termina cuando uno responde. Que este año 5787 no sea un número más: que sea el principio de tu cambio. «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

Le shaná tová umetuká: por un año bueno y dulce.

¿Quieres profundizar? Todo este recorrido —Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot, Shemini Atzeret y Simjat Torá— lo desarrollo fiesta por fiesta en el libro De Sombra a Sustancia: Las Fiestas de Otoño, disponible en Amazon. Y si quieres acompañar el trabajo de Esther Project Israel, puedes hacerlo desde nuestros canales.

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